Visión CR

Urge un cambio de actitud

Álvaro Campos Solís, periodista

Ante la avalancha de calamidades que con inusitada frecuencia se van acumulando en nuestro país, unos de origen doméstico, como el desempleo, las huelgas, el narcotráfico y la corrupción, otros que llegan del extranjero en forma de pandemia y ciberataques a los sistemas informáticos de instituciones que son vitales para la salud de la población y la economía nacional, urge una reacción concertada de las fuerzas vivas y evitar el hundimiento de un país que nos pertenece a todos.

El encadenamiento de problemas surgió con una huelga de empleados públicos que afectó seriamente la prestación de servicios en los campos de la salud y la educación; luego apareció la pandemia del covid 19 que dejó una estela de dolor y una economía machacada; posteriormente una guerra que encarece el precio de los combustibles y la importación de productos de consumo básico, como la harina. Ahora cobra bríos un proceso de devaluación de la moneda. Un dólar nos cuesta 700 colones. Nuestra economía es tan dependiente que nadie sabe hasta dónde podrá llegar esa relación de colón con el dólar.

Comencemos por aceptar la nueva realidad: un proceso de empobrecimiento que amenaza la estructura social y anula en gran medida la posibilidad de vivir en un país de oportunidades y con seguridad. El precio de los combustibles por las nubes con impacto directo en los productos de consumo básico. A esa situación hay que agregarle la devaluación del colón, lo cual significa la multiplicación de los problemas sociales.

“Papá-estado” está quebrado. Arruinado. El dinero que recoge por concepto de impuestos se va en el pago de una deuda interna y externa y la planilla de una frondosa burocracia. La construcción y reparación de infraestructura (puentes, carreteras, escuelas y colegios) se financian con más préstamos.  Vivimos en un país hipotecado. Desde que nacemos ya cargamos una pesada deuda

Al paso que vamos es muy posible que tengamos que comprar zapatos más cómodos y   aprender a caminar.  A dejar el carrito en la cochera.  Tal cosa podría ocurrir en el momento que el litro de gasolina supere los mil 500  y  alcance los dos mil colones. Entonces la posibilidad de llenar el tanque de su vehículo estará reservada para los afortunados con pensión de lujo

 Todo es cuestión de que la guerra que libran Rusia y Ucrania se extienda a otras naciones para que el precio del combustible alcance tal nivel que incluso impida a los aficionados ticos tomar el día libre y desplazarse hasta el Santamaria para despedir a los integrantes de la Selección Nacional que van a jugar a la lejana Catar.

  Por cierto, como dato folclórico, pude ver en la pantalla chica la imagen del despegue del avión que conducía a nuestra selección mayor de fútbol, mientras los colegas narraban el acontecimiento cual si se tratara del despegue de un transbordador. Un partido de fútbol nos debe servir como un factor de entretenimiento, nunca como una herramienta para atontarnos.

La solución a los problemas nacionales no es una cuestión de fe.  Conviene exigirle a los poderes legislativo y ejecutivo que hagan lo que esté a su alcance para impedir que la economía se paralice y que las conquistas sociales vuelen en pedazos.

 Ante ese panorama, bastante desolador, urge un cambio de actitud.  No es tiempo para cruzarnos de brazos o llorar como una Magdalena. Conviene que nos pongamos a caminar, a movernos, tal y como lo hacen diversas  tribus del Amazonas, cada vez que la sequía o las inundaciones amenazan sus vidas, la de sus animales y sus cultivos. Ellos caminan por la selva, nosotros podríamos aprender a caminar por las carreteras.

Ese cambio de actitud implica que los propietarios de algunos medios informativos entiendan que la campaña política concluyó el pasado 3 de abril.  Deben aceptar que los candidatos de sus preferencias no ganaron y que es ilógico exigirle al presidente de la república y a los diputados resultados concretos a tan solo un mes de haber asumido el cargo. En periodismo la credibilidad es un bien que no se debe dilapidar. Se corre el riesgo de que la empresa termine en una reunión del propietario con sus reporteros.

La sabiduría popular dice que “no hay mal que por bien no venga” o como dijo Evita Perón: “donde existe una necesidad, nace un derecho”.

En ese sentido, convendría que los bancos del Estado, en teoría del pueblo, asuman una actitud propositiva en el proceso de reactivación económica, como condición para combatir el desempleo.  Entiendo que al Nacional y al de Costa Rica les sobra liquidez, pero las tasas de interés espantan.

En el proceso de empobrecimiento que vive el país llama la atención el alto nivel de desempleo que es el mayor de los cinco países centroamericanos. Son 330 mil desempleados.  La mayoría son mujeres. Estamos peor que Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala. El empleo informal alcanza a casi un millón de personas. Estos datos deben llamar la atención de gobernantes y empresarios.

También llama la atención la casi desaparición de los pequeños comerciantes de nuestros pueblos-los llamados pulperos- para cederle el espacio a los comerciantes chinos. En la práctica los chinos llevan adelante la colonización de nuestras comunidades. La verdad es que de los orientales se puede aprender: ahora compiten con los grandes supermercados, ya que apuestan por un mayor volumen de ventas, con precios más razonables, lo que captura el interés de los clientes. Estoy diciendo que algunos empresarios “juegan de vivos” aumentando precios que luego sirven para ponerle  candado a su establecimiento.

Nuestro país tiene el recurso humano,el clima y la tranquilidad social como factores de gran atractivo para atraer más inversión extranjera, además de estimular al empresario local, para echar a andar un vigoroso proyecto que se convierta en una inmensa ventana de oportunidades para miles de personas en todo el país.

Todo esfuerzo orientado a fortalecer nuestra economía tiene que venir acompañado por un compromiso de combatirla corrupción, pública y privada.  Los jerarcas de cada una de las instituciones del estado,así como los diversos cuerpos de policía saben dónde está el cáncer y cuál es el alcance de la metástasis. Numerosas administraciones han preferido no comprarse la bronca. En algunos casos contribuyeron con ese flagelo.

En determinados lugares del aparato estatal, la corrupción es como la polilla en un viejo edificio construido con madera. El colmo de la situación es que ciertos casos los usuarios apartan la coima antes de recibir el servicio. Ya se sabe que “tanto peca el que roba la vaca como el que le amarra la pata”.

Diversas naciones asiáticas, entre ellas China y Singapur, que en algún momento sufrieron hambrunas y altos niveles de corrupción han dado muestras de que la actitud individual y colectica es el arma indispensable para combatir con éxito a la pobreza. Tenemos la gente y los recursos, solo falta la determinación de cada uno de nosotros.

 Esperemos que el presidente Chaves y los diputados estén a la altura de las circunstancias y sirvan como el mejor ejemplo para que los magistrados y jueces del Poder Judicial también cumplan con sus obligaciones laborales conforme a un salario de primer mundo.

El ideal sería que los lideres sindicales, comunales, empresariales y estudiantiles entiendan que el país no está para bloqueos de carreteras, pues las personas que van para su trabajo, centros de salud y de estudio no les deben nada a los protestantes. Además, el derecho de todo ciudadano a desplazarse por el territorio nacional se lo garantiza la Constitución Política. La policía está en la obligación de evitar que alguien socave ese derecho.

Quienes tengan algún motivo para protestar que se planten frente al despacho del funcionario responsable. Molestar a la ciudadanía no se vale. Es ilegal y nadie está por encima de la ley.

Dejemos que gobernantes y políticos hagan su trabajo.  Tanto el presidente de la república y sus ministros,así como los diputados, deben estar claros que en el desempeño de su gestión ponen en juego no solo su prestigio personal, sino también el futuro del partido político que les allanó el camino para que alcanzaran el poder.  Una mala gestión política podría convertirlos en sepultureros de sus partidos políticos.

El problema de los diputados, en particular de Liberación Nacional y la Unidad, es que no cuentan con un verdadero líder que los oriente y sirva como interlocutor del poder ejecutivo. Lo más serio de esta situación es que los dirigentes actuales se hicieron “grandes” y entre la juventud no aparece ningún prospecto de líder. En el siglo anterior los líderes fueron José Figueres, Rafael Ángel Calderón, Manuel Mora y el arzobispo Víctor Manuel Sanabria. En el presente siglo no sabemos si esa figura habría salido ya del vientre materno.

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