Visión CR

¿Pura vida o en caída libre?

Independientemente de que a algunas personas no les guste mientras que para otras, es una imagen que inspira, la actitud del costarricense Keylor Navas es siempre la de un ser humano seguro de sí mismo, de sus capacidades, incapaz de herir a los demás, centrado en perfeccionar su trabajo y en mejorar siempre su rendimiento; educado, humilde, sencillo y tenaz. Un ejemplo que Costa Rica necesita multiplicar.

Cuando se comparan sus particularidades, que no sólo le permiten alcanzar grandes metas sino también hacer brillar a las organizaciones y equipos deportivos en los cuales milita, inmediatamente surge un sentimiento de frustración al ver cómo esas mismas características que distinguieron a miles de costarricenses de todos los estratos sociales y culturales del país hace tan solo unas cuantas décadas, se han ido extinguiendo en perjuicio -sobre todo- de las instituciones de servicio público y del trato que se brinda también a los usuarios de servicios privados.

En muchos aspectos y sobre todo por el deficiente y mediocre desempeño de personal totalmente desinteresado e incluso incompetente, cuyas actitudes posiblemente reflejen las de sus mismos jefes, el país simplemente se está desmoronando.

Seguimos llenando las calles de parches, en vez de rehacerlas completas; los cortes de agua, luz y servicio de internet se producen a diario ya no en zonas rurales o ante condiciones climatológicas adversas, sino en localidades céntricas, sin causas aparentes o por supuestas razones que no son ciertas. En muchas comunidades ni siquiera se avisa al vecindario que va a ser perjudicado, para que se tomen las precauciones correspondientes. La contaminación ambiental está a la orden del día en esta nación que se precia de ser “muy ecologista” y en el aire pululan los malos olores, los mosquitos y las estafas de todo tipo.

Ni las anteriores ni la actual administración política han tenido reparo en explotar en sus discursos el tema de la pobreza, a pesar de que aún no formulan proyectos viables y oportunos para erradicar los precarios, generar mayores oportunidades educativas y necesarios empleos. Al contrario, ya hay zonas del país que compiten con las famosas favelas de Brasil o los miserables asentamientos de naciones vecinas de ínfimo nivel de desarrollo.

Y ante la mediocridad que nos está envolviendo en casi todas las áreas importantes del quehacer social, ni siquiera el eco del berreo sacude las conciencias, pues las quejas se reciben solo por correo electrónico o mediante plataformas sin poder de resolución y en raras ocasiones por teléfono directo, sin que el usuario pueda ver los ojos del interlocutor ni recibir una confirmación certera de la fecha y hora en que resolverán el problema. Y tampoco funcionan las denominadas “contralorías de servicio” las cuales -cuando ocasionalmente reaccionan- generalmente no asumen la defensa del consumidor sino que más bien agregan una excusa más a la lista.

¿Será ese el nuevo sistema de actuar que una mayoría describe como “pura vida”?

Ese lema que ahora nos distingue internacionalmente, ha sido muy mal interpretado por muchos costarricenses. Porque la vida es siempre movimiento, un flujo continuo hacia adelante. En labios de Keylor Navas cobró mucho sentido, pues siempre lo ha aparejado con muestras de gran temple; con una valiosa capacidad de reinventarse, de ponerle ganas al quehacer cotidiano, de buscar realmente esa pureza en la excelencia, en la disciplina, en la superación…

Pero aquí, en el terruño, se ha convertido en sinónimo de vagancia, de renuncia, de desinterés… Vamos hacia abajo en caída libre. Y ello se refleja en un nivel de desempeño muy bajo, en estándares profesionales que rozan el piso y sobre todo, en una enorme carencia de creatividad, de diligencia y de entrega en el servicio.

El país no cuenta en estos momentos -salvo en contadas excepciones- con liderazgos asertivos que engrasen los ejes y pongan a rodar las ruedas de la carreta…Por eso estamos atascados en arenas movedizas…

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